Perder el miedo a acudir a un abogado.

Las personas que tienen un problema y acuden a un profesional del Derecho cada vez lo hacen más tarde. ¿Las causas? Quizá un inicial exceso de confianza en sus posibilidades, creyendo que solos pueden solucionar conflictos enraizados, o incluso pensando que las cosas se acaban arreglando si no se les da la importancia que se merecen, lo que suele derivar en acrecentar cualquier contratiempo y transformarlo en un serio disgusto. Sin embargo, nuestra experiencia nos lleva a pensar que el motivo de esa demora se debe más a la desconfianza y recelo en cuanto a los honorarios profesionales de los Letrados que a otras circunstancias. Y es que no han sido pocos los casos en los que nos hemos encontrado clientes que evidenciaban tener incluso más inquietud sobre cuánto se les iba a cobrar que sobre la resolución del problema que les había traído ante nosotros.

Si eso es un realmente un problema, huelga decir que lo más aconsejable siempre es solicitar un presupuesto orientativo de cuáles van a ser dichos honorarios, y en caso de tirar adelante con las actuaciones sugeridas, plasmarlo en una Hoja de Encargo Profesional y conocer las fórmulas para efectuar los posibles pagos. Ahí se zanja ese obstáculo.

Dicho todo lo anterior, queda patente que el pensamiento generalizado es acudir a un abogado cuando no queda más remedio (bien ante un inminente procedimiento judicial, bien por estar inmerso ya en el mismo), que no hace sino perjudicar los intereses propios de esos potenciales clientes. ¿Por qué? Porque si la gente acude cuando el problema está en origen, y no cuando el problema ha avanzado hasta convertirse en un problemón, no sólo las soluciones suelen ser más fáciles, sino también menos caras.

Hay que plantearse seriamente que un abogado es como cualquier otro profesional, y que tiene la misma función. Si las cosas se pillan a tiempo, se pueden prevenir o, en el peor de los casos, se pueden evitar males mayores.

Pongamos un par de ejemplos: ¿qué hacemos cuando tenemos una caries? Ir al dentista para evitar que la cosa vaya a mayores. ¿Qué hacemos cuando tenemos un problema con el coche? Ir al mecánico para evitar que acabemos con el coche en un desguace. Pues en Derecho ocurre igual.

Es de destacar el gran desconocimiento que tienen la mayoría de las personas acerca de la función que realiza realmente el abogado, y por eso precisamente se acude a éstos en muchas ocasiones cuando ya el problema está tan avanzado que ha perdido muchas de las vías fáciles para solventase, y que en la mayor parte de los casos sólo deja la abierta la vía judicial (o un desenlace aún peor). Con la de herramientas de que disponen estos profesionales para la resolución de conflictos…

En fin. Habría que concienciar a la sociedad de la excelente decisión de encomendar a un abogado el asesoramiento jurídico de cualquier tipo de problema que se tenga serio, por nimio que parezca, y que lo consideren como un profesional leal y eficiente al servicio de su cliente, comprometido con los intereses del mismo.

Pero eso, qué duda cabe, se hace paso a paso. En ello estamos.

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