Cuando las comparaciones son odiosas

Uno de los mayores errores que puede cometer un cliente es creerse que su caso es igual que otro. Independientemente del sector jurídico en el que se mueva el asunto, lo normal es que cuando alguien va con un problema a un abogado ya lleva detrás unas series de conversaciones con conocidos, familiares o compañeros de trabajo donde todos (sin duda con la mejor de las intenciones), ha puesto en antecedentes al perjudicado sobre otros casos que o bien conocen por cercanía, o bien han salido en la prensa.

Es indudable que la inmensa mayoría de procedimientos dentro de cada parte del Derecho tienen una base común, y que partiendo de esa base similar, los procedimientos siguen unas pautas, unos derroteros que van en función de parámetros variables. Por decirlo de forma sencilla: no es lo mismo un divorcio de mutuo acuerdo que uno contencioso, ni dentro de éstos es lo mismo aquel que tiene posesiones en común y/o menores que los que carecen de ello. Igual pasa con procedimientos de índole Laboral, Civil, Administrativo, Tributario o Penal.

Son esas pequeñas variables, muchas veces no previstas por los clientes, las que hacen que casos que “parecen iguales” sean totalmente diferentes. Y esas apreciaciones, esos elementos con los que en un principio no se cuentan, van a influir mucho a la hora de que el profesional elegido opte por una u otra actuación, cobre más o menos por el trabajo, y obtenga los resultados previstos dentro de los márgenes de actuación permitidos.

Recuerde que no hay casos iguales, sino similares y condicionados por variables. Y que todos somos diferentes, hasta en nuestros problemas.


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